miércoles, 21 de octubre de 2009

La última cita

¿Cómo no voy a amar este pais? El año pasado segundo, y éste, tercero. Aquí empezó esta locura y aquí logramos definitivamente la victoria de mi equipo y de mi compañero. Aquí recuperamos, si es que alguna vez la tuvimos, la capacidad de divertirnos.

La carrera en Interlagos fue un derroche de virtuosismo entre los participantes. Nunca antes, al menos yo no lo recuerdo, se mantuvo la lucha "en caravana" durante tantas vueltas. Una de las salidas más difíciles del mundial, y no hubo ni medio incidente. El control del monoplaza por parte de NeoUther en la primera curva fue espectacular. Mi salida, como no se me ha dado casi nunca, y a pesar de ello, el empuje de Max en los primeros lances me relego al quinto puesto. Menudo trenecito montamos las primeras vueltas. En fin, y ¿qué decir de Javi-CyL?, dominador como no creíamos que fuera capaz. Además fíjense los lectores en sus declaraciones:

"Yo había previsto atacar en la salida y luego conservar hasta el segundo stint. Me aproveché de que el Ferrari hizo un extraño (...) y decidí hacer la trazada, sabiendo que Neo es el piloto más limpio de la parrilla en las salidas.

Pero en esta ocasión, no sólo no me tocó, sino que encontró un hueco imposible por el que metió el coche después de poder controlarlo. Afortunadamente se pasó un poco y pude retomar la primera posición antes de atacar la curva dos. Ahí prioricé salir con tracción máxima, para cubrirme en la recta. Esto me salvó en la curva tres y a partir de ahí ya pude ir con un poco más de aire. Pero Neo no aflojaba... menos mal que le llegaron problemas por detrás y tuvo que protegerse.

Después vi que mi compañero se ponía segundo y aflojé para darle ánimos a unirse a la cabeza y porque sabía que no me iba a atacar, pero de nuevo apareció la sombra de los Williams y Jion marcó 1:12.4, 1:12.0 y 1:12.2 en tres vueltas consecutivas. Ahí apreté al máximo, para ahogar las esperanzas de Jion y también marqué mis dos mejores vueltas de carrera (1:12.0 y 1:11.8). Como veis, no hace falta estar pegados para mantener batallas: la psicología también actúa."

Pero ¿realmente se pueden pensar tantas cosas, maquinar y ejecutar tácticas mientras se conduce un fórmula uno? Y yo que si pienso voy bien o voy mal, y no me concentro en cada viraje, me voy de excursión por los alrededores. No tengo palabras. ¿Quién es este tío? Conduce a 300 Km/h como nosotros paseamos. Nosotros planificamos el paseo sin detenernos a calcular nuestros pasos (andamos de memoria); pues así compite él, como quien da un paseo. ¿Es un ser normal?, ¿es humano? Humano es, o al menos, tras horas y horas de entrenamiento en común, eso me parece; pero debe haber recibido una descarga de rayos gamma, o algo así, de pequeño cuando sus padres le llevaron a disfrutar de una tarde de karting.

Saldremos tarde para la última cita del campeonato. Tenemos montada en Sao Paolo una celebración "de aupa", por el logro del equipo y de mi compañero, ayudados por la gente de aquí, que sabe como nadie montar una celebración. Será una repetición del Tanabata de este año, la fiesta de las estrellas japonesa, también una tradición en Sao Paolo.


(Imagen enlazada desde Brazil Travel Blog)

La última cita. "Hasta el rabo todo es toro", estará pensando NeoUther y estoy pensando yo. Para disfrute de los aficionados y para mi desgracia, no me puedo relajar. Lo que queda por dilucidar es precisamente el segundo puesto en el campeonato de pilotos. Y matemáticamente cuatro nos mantenemos en la lucha. ¡Jo, con Murphy!, ya podía olvidarse de mi por un ratito. Aunque Max y Neo dirán que a los que les toca una carrera sin problemas es a ellos.

La última cita: それは希望に満ちた旅になる方がましだ, dice un proverbio japonés: "Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar." Y mi viaje, con BMW, con Javi, con los pilotos todos, los que persisten y los que añoramos, ha sido una enorme aventura. Que se lleve "el gato al agua" el mejor, y que a mi, en todo caso, "que me quiten lo bailao".

ありがとう

sábado, 10 de octubre de 2009

Novedades al amanecer

Siempre he preferido Río de Janeiro a Sao Paulo. Y aquí me encuentro hoy sábado, antes de salir para Interlagos a entrenar. Temprano, muy temprano. Sentado en la blanca arena de la Ensenada de Botafogo, con el Pan de Azúcar y el Morro (Pico) de Urca al frente, ligeramente hacia el sur (mi derecha), y el imponente Cristo Redentor a mi espalda.



La línea del horizonte no se deja ver, rodeada la ensenada de elevaciones, y el cielo empieza a arder, gracias a las primeras luces del alba. Es como una metáfora de los contrastes de esta ciudad, sin perfiles claros, sin dibujo, un juego de color al estilo impresionista, donde las figuras las construye mi retina y el juego de la luz.

Parece que el sol se resiste a levantar. Es el mismo sol naciente de mi tierra, pero lleva más de 16 horas "levantandose" por el mundo y parece cansado. Llega aquí, donde el ritmo de la vida le permitirá cumplir con su eterna misión relajadamente, sin agobios, a otro ritmo. Por eso parece que el amanecer es más pausado, para dar tiempo a los mortales a gozar del derroche de color impresionista del natural. Y es que, como el ingenio hispano enseñó, merece la pena detenerse orientados al este, porque "Amanece, que no es poco".



Pero a mi no me falla la naturaleza y las cosas suceden como "Dios manda", al contrario que el tragicómico final de la genial película española. Eso sí, desde mi posición, Urca retrasa la aparición completa del disco-sol, obligándole a un último esfuerzo, que me recompensa con la visión a contraluz del Pan de Azúcar y los rayos anaranjados proyectándose hacia la playa desde atrás, y al girarme veo iluminado, como si subieran un telón, la figura del Cristo que abraza el amanecer, o la ciudad a sus pies.



No tengo más tiempo para el disfrute escénico. Ya me han dicho que tenemos grandes cambios en F1Total. Para bien, se supone. Que tales cambios atraerán a nuevos pilotos, que seremos "compatibles" con otras ligas, en fin... Que habrá que volver a cogerle el pulso al monoplaza, por tercera vez esta temporada.

Y que se prepara una gran fiesta lúdico-deportiva para celebrar el segundo aniversario de nuestra liga. Felicidades, desde el Paraiso, desde el recientemente nombrado olímpico paraiso. ¡Cuánta novedad necesita el ser humano! ¡Qué lejos de la "siempre nueva rutina" de los espectáculos de la naturaleza!

Me voy a currar. ¡NA-MAS-TE!

miércoles, 7 de octubre de 2009

De la felicidad, la motivación y la competición

El amigo Aristóteles escribio que la felicidad es la "actividad propia del alma ejercida conforme a virtud". Una vez más, entre lo obvio y lo oscuro, diciéndolo todo cuando parece que no dice nada. Para hacerse una idea hay que desentrañar a qué se refiere el tutor de Alejandro Magno (¡menuda papeleta!), con actividad del alma y virtud.
Empezamos por el final. Es lugar común, un topicazo, que Aristóteles llamaba virtud, al hábito que se adquiere por la repetición de actos que evitan el exceso y el defecto, en un justo o prudente discernimiento adecuado a la ocasión y sobretodo al sujeto. El famoso término medio. Pero ésta es la virtud práctica, es decir, la que tiene que ver con la acción exterior, por así decirlo. Por otro lado, con la actividad del alma, se refiere a las operaciones que son propias del ser humano, que a diferencia de otros seres vivos, tiene como propia de su naturaleza la actividad racional, el conocimiento de lo universal o general. Así el discípulo no se separó tanto, como pretendieron algunos, de su maestro Platón, y coinciden ambos en que la virtud que verdaderamente satisface la exigencia de felicidad del alma humana es la prudencia o sabiduria (donde no hay término medio). Por tanto, la felicidad, aunque alcanzable (no una quimera), es una actividad, pero especulativa, no práctica, y el hombre no la encuentra en la realización de lo sensible, que comparte con el resto de los animales, sino en su operación propia, el conocimiento de lo más universal, lo más general.
Nos consuela entonces comprender porque no somos felices, estríctamente hablando, cuando tratamos de contemplar las verdades ocultas en el arcano arte y oficio de la conducción de un fórmula uno.
Hemos podido comprobar, menos veces que las que hubieramos deseado, la satisfacción, la alegría, la aparente felicidad, más duraradera de lo que los clásicos auguraban, que sentimos cuando obtenemos el premio del podio, más aún si cabe si somos vencedores de un gran premio. No nos sirve aquí Aristóteles, puesto que para él, esto sería algo así, (como oí a alguien alguna vez decir), confusión de la felicidad con la "satisfacción del animal sano".
Pero, para la comprensión del fenómeno, el exultante gozo de la victoria, conviene atender al concepto de la motivación, con el que la modernidad, casi sustituyó (o sin el casi) a la clásica voluntad. Nos "viene al pelo" la famosa pirámide de Maslow y la psicología humanista.
Así, en la base de la piramide están las necesidades primarias, que pronto, una vez garantizada su satisfacción, son sustituidas por las necesidades secundarias, de tal manera que el individuo puede dilatar en el tiempo la satisfacción de las primeras a cambio del logró de las segundas, hasta alcanzar la cúspide de la pirámide, el tan mánido estado del "hombre autorrealizado. ¡¿Cómo olvidar aquellos tiempos en que todo se explicaba como una búsqueda de la autorrealización?!; se excusaba el común de los mortales con la expresión "es que no me siento realizado" y abandonaba el estudio o aquel trabajo que tan lastimosamente le obligaba a madrugar. O cómo, más cercanamente (y aún nos cuesta librarnos) se jsutificaba el mal resultado del alumno con la famosa frase "es que no está motivado", o "no ha alcanzado la motivación suficiente". Ni que decir tiene que, en nuestro caso, el incentivo coincide con el fin: el logro de la victoria nos "mueve", o nos motiva, de tal forma y manera que podemos retrasar la necesidad de satisfacer el hambre o el sueño, o incluso sustituirlo, por el entrenamiento o la simple disputa esforzada de las carreras.
Llegados a este punto diremos, que la especulación de los filósofos o de los psicológos, no termina de resolver el eterno misterio de por qué disfrutamos en algunos esfuerzos y no en otros. (Me pregunto si la filosofía o la psicología, en realidad, resuelvan nada). Misterio, que si llegara a resolverse, nos daría una especie de varita mágica o piedra filosofal, que convertiría toda nuestra actividad en hobby, todo nuestro trabajo y esfuerzo en un deleite.
En fin, es obvio (y para quien no lo sea, yo se lo aseguro), que en la competición, en la autoexigencia de resultados, naufraga mi trabajo de piloto. Que de ninguna manera disfruto las carreras (lo hago con el entrenamiento); es pobre para mi alma el premio, escaso y muy excepcional, de la victoria; y que es mucho mayor la frustración de no alcanzar la satisfacción de esta necesidad secundaria que el logro ocasional de los objetivos, y así, de ningún modo llego a ser un "piloto autorrealizado".
Pero para esto también hay recetas de los "listos", que suelen decir que en el camino está la felicidad del viajero y no en la llegada al destino. Y yo digo que, solo esto es cierto cuando viajas en buena compañía. Probablemente la mayor dificultad de cualquier viaje, es precisamente ésta, la compañía, que, o no se tiene ninguna, o nunca se encuentra la adecuada. De todos es conocido aquello de que si quieres mantener un amigo, no te vayas de viaje o vacaciones con él.
Luego concluyamos:
La felicidad nunca está en el fin, objetivo o resultado; no está, tampoco, en el proceso, en el camino. Está en el otro. Al revés que en el pesimista autor francés ("el infierno son los otros"), el paraiso, la felicidad, está en el entrenamiento con mi compañero de equipo.
¡Ahí queda eso!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Luces de Oriente

Sólo el brillo de la luna ilumina a los últimos que se resisten a abandonar el circuito de Marina Bay. Y su reflejo de la luz del Sol de Oriente muestra en mi cara el agotamiento y el regusto, una vez más amargo, del podio. Un podio que es, en gran parte, resultado del abandono de los enemigos que se quedaron por el camino y no pudieron mantener las batallas hasta el final.
Nos quedamos solos bajo un mar de estrellas a pesar de las amenazas de los agoreros con sus nubarrones de tormenta.
Dice la expresión castiza: "éramos pocos...", pero en Singapur, no "parió la abuela", sino todo lo contrario. En este caso es más apropiado "nos quedamos solos como los de Tudela". Pero en esta ciudad, en cualquier caso, es difícil quedarse sólo, es un hervidero de humanidad conservada en una humedad constante de sabor salado. No nos queda más remedio que suponer que otros prefirieron "Singapur, la nuit", que el suplicio del monoplaza.
Ya la primera salida mostró que los muros de Marina Bay iban a cobrarse su tributo. Y los problemas mecánicos también. En mi caso, incapaz, por ejemplo, de hacer funcionar el aviso de reinicio de carrera. Al margen de la ansiedad por salir de la ratonera en la que yo sólo me metí, lo más emocionante fue la batalla con Neo. Recordando los tiempos gloriosos de los piratas malayos del XIX, nos enzarzamos en un duelo de esgrima, de esos que más parecen una coreografía que una verdadera lucha. Nos dedicamos a la ejecución de "ochos" que el mismísimo Nureyev querría haber interpretado en los teatros del Extremo Oriente. Ahora paso yo, ahora pasas tú; primero por la izquierda, después por la derecha, hasta que las "protecciones" (dudoso apelativo), los muros de la triple curva pusieron fin a nuestro enfrentamiento.
Aún me estoy preguntando, con lo magistralmente que estábamos interpretando el ballet, intercambiando posiciones, por qué lo intentó allí. O, quizá, mi malévolo inconsciente dejó abierta una puerta, muy estrecha, para que mi rival "picara". No lo se. Lo prometo. No tengo claro ser del todo yo cuando conduzco. En realidad, no sé quién soy yo cuando hago nada,... o todo.
No pudo repetirse más adelante el duelo, porque ésta no es la temporada de Ferrari, con más problemas mecánicos, que vicisitudes pasó la Armada Invencible.
Ahora frente al horizonte espero el primer rayo del amanecer. Mañana, ya hoy, estaré cerca de mi hogar. Al menos, los esfuerzos, con premio o sin él, se llevan mejor en tu patria.
¡¡BANZAI!!

martes, 15 de septiembre de 2009

Opera y comida china

Monza 2009 se me presentaba como un gran manjar delicado, y, sobretodo, muy elaborado. Una carrera preparada a conciencia con los mejores ingredientes y la más cuidada elaboración de un gran chef. Digna del plato estrella de un exclusivísimo banquete. Yo, muy incauto, esperaba un festín, donde se disfrutara ampliamente de las riquezas de la cultura mediterránea (el paisaje así lo demandaba), en mesa para dos (tres a lo sumo, por la tradición del podio), en un nuevo acto de la gran opera a la que asistimos en Alemania.
Sin embargo pronto descubrí que había más convidados al reparto del pastel, o que el coro se rebelaba, campaba por sus fueros y pretendía eclipsar a los protagonistas. Y como suele ocurrir cuando parece que las celebraciones se exceden en número de invitados, se cambia la alta cocina mediterránea, por la siempre socorrida comida china.
Pero es un error muy común entre los occidentales, confundir la milenaria cocina china con el variadísimo y "barato" elenco de platos de muchos de los mal llamados restaurantes chinos instalados en occidente. Y de esta experiencia juzgar de menos lo que en realidad se desconoce. De hecho, es perfectamente posible encontrar en Occidente alta cocina oriental, fiel a su milenaria tradición, pero que, como todo lo exquisito, es escaso.
Así la mitad del primer acto en Monza, dio la impresión de que me regalaría con una culminación a tan elaborada preparación y minucioso entrenamiento. Un culmen que bien podría compararse con el famoso "pato a la pekinesa". Asistí a la variopinta panoplia de ingredientes y el derroche del camarero con los palillos montando los "paquetitos", con esa habilidad meticulosa que solo los chinos saben exibir.
Pero fue un espejismo; como si el jefe de sala hubiera confundido las mesas, retirando al diestro camarero de la nuestra y sustituyendo el pato por el cerdo agridulce. Porque agria fue la sensación que queda en el paladar cuando cometí el error en "la parabólica", que primero confirmó la mediocridad de la primera mitad de la carrera, y segundo trastocó los planes del equipo. Pero también dulce, pues la segunda mitad si mostró mi cuidado trabajo de muchas semanas, hasta arañar casi textualmente el tercer cajón del podio.
El pato a la pekinesa era para mi compañero, que "se paseo" por el escenario de Monza, recuperando a voluntad lo que el coro le quería quitar. Y dió las veces que fueron necesarias el "do de pecho".
Mis cinco puntos en Monza, en cambio, fueron el cerdo agridulce, pero ¡cuidado!, no se engañe el lector porque, como bien ha testimoniado el crítico Max Rufus, un esmerado cerdo agridulce puede ser manjar de emperadores.
Y al final de la opera, ...por más que pese al coro..., deleitaron los protagonistas (como debe ser) para llevar un poco más lejos la distancia de BMW con sus competidores.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Comunismo y meteorología


"Bueno, espero que de todo esto salga algo positivo. Una pequeña revolución de cuando en cuando es algo saludable, ¿no cree?"


Creía que la entrada de ayer provocaría una tormenta entre los participantes de F1 Total, en paralelo a las previsiones meteorológicas para el G. P. de Italia. Sin embargo ni una cosa ni la otra, al menos, a día de hoy.

Entre las claves que pueden explicar que no se cumplieran las previsiones, está la cita de Max Rufus, según él, obtenida de la inteligente serie televisiva de los Simpsons: "dar las mismas oportunidades a todos cuando sabemos que no somos iguales , cómo se llama, niños? ....comunismo".

Merece una reflexión, que aunque parezca no tener nada que ver, puede relacionarse con los modelos estadísticos que se manejan en las previsiones meteorológicas, de las que estamos tan pendientes para Monza.

Tanto el comunismo como la meteorología, se presentan como científicas. El comunismo tiene su origen en el autodenominado socialismo científico, de Marx, y la meteorología, es lugar común que se encuentra entre las disciplinas científicas. Sin embargo, en ambos casos, tal carácter científico es discutible; y, además, todos tenemos constatación de las falacias (argumentos con apariencia de validez lógica) que tanto comunistas como meteorológos nos han vendido. Bien es verdad que los primeros a conciencia, y los segundos por un exceso de confianza soberbio en el control de un sinfín de condiciones naturales no siempre controlables.

Pero empecemos por lo que los Simpsons califican de comunista: Dar las mismas oportunidades a los que no son iguales. Se entiende, de la aportación de nuestro rival Max Rufus, que lo deseable es dar oportunidades distintas a los que son distintos, en orden a la consecución de las metas que para cada uno sean máximas, que por definición también han de ser distintas. Aquí está el error de la cita. El comunismo no iguala en las oportunidades sino en las metas u objetivos, condenando al que puede llegar más lejos a la mediocridad, en su caso, del objetivo de los que nunca llegarán tan lejos. Dicho de otro modo, si restrinjo los medios a unos y los potencio para otros con el fin de alcanzar todos la misma meta, inevitablemente nos quedaremos en el mínimo, ni siquiera en la media, eso sí igual para todos. Ese es el igualitarismo injusto del comunismo, o socialismo real, una prostitución del famoso aforismo marxista: a cada cual según su necesidad y de cada cual según su capacidad.

En la Liga F1 Total se argumenta, en favor del mantenimiento de todos los pilotos en la competición, que hay que dar algunas facilidades (mejores medios) a los que demuestran dificultades, para que se vean en la posibilidad de competir con los "más experimentados". Si esto fuera así, sin perjuicio, de éstos, no habría nada que oponer. Pero mucho nos tememos que como en la desaparecida sociedad soviética y donde aún se sostiene el mal llamado comunismo, una élite se alejará en su abundancia del resto, que vivirá muy lejos de sus aspiraciones máximas conseguibles. Lo contrario de lo que se decía justificaba la medida: aún menos igualdad.

Y ¿qué tiene que ver esto con la meteorología?

Pues la estadística. Como herramienta es uno de los grandes logros de la ciencia, pero como explicación última es muy problemática. Todo el mundo conoce el juego demagógico de que si de dos individuos, uno se come un pollo, la estadística nos dice que.... Los especialistas en estadística pueden responder a esto con facilidad mostrándonos el error. No es verdad que hayan comido medio pollo cada uno en la realidad ni tampoco es verdad estadísticamente.

El juego falaz del vulgo tiene su origen en el desconocimiento, o en la divulgación... El caso es que la exigencia de información inmediata de la sociedad actual hace caer a la meteorología, o a los que la mal usan, en falacias semejantes. Los modelos estadísticos provienen de grandes series de observación histórica de los factores que afectan al tiempo meteorológico, y por lógica, no pueden transponerse siempre de inmediato, aunque las condiciones observadas parezcan semejantes.

Así hoy jueves ya no parace que vayan a caer tormentas sobre Monza, como a principios de semana se auguraba, y quizá mañana vuelvan a cambiar las previsiones.

Y hoy jueves parece que a partir de Monza, en F1 Total se buscará igualar la competición, y quedará en un injusto ensayo de igualitarismo.

La complejidad de la Naturaleza y la libertad en la Sociedad confundan a los pseudocientíficos y ganemos los mortales con una saludable revolución de vez en cuando ("La caza del Octubre Rojo").

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Falsas apariencias

Este es el título de una película "menor" de Bruce Willis y Matthew Perry (Friends), entre otros. Sin destripar el argumento diremos que, como en otras ocasiones, estamos ante una comedia en la que se juega con la situación que provoca el encuentro de un individuo normal y un tipo muy peligroso. Pero la relación entre el maniático dentista y el asesino a sueldo, dará lugar a insulsas e increibles situaciones, que no terminan de captar al espectador y es por eso que la calificamos de "comedia menor".
No logra la película cumplir con el título, pues la pretensión de que los personajes no sean lo que parecen ni siquiera aparece en la trama. Pero es que no se pretendía. Es culpa del título elegido en España (originalmente "The Whole Nine Yards"), y no del original.
En fin si no la has visto no te has perdido nada.Pero aprovechemos el tema del título: Falsas apariencias.
Coloquial y figuradamente expresión aceptable, pero en estricto, un despropósito, porque las apariencias no pueden ser ni falsas ni verdaderas.
La verdad (y su contrario) se ha entendido de diversas maneras a lo largo de la historia del pensamiento. La verdad ontológica o metafísica (la adecuación con la realidad) es del todo ajena a las apariencias. Siguiendo a Platón: sobre el mundo sensible (solo aparente) no hay ciencia, solo opinión. La verdad científica se encuentra en la auténtica realidad, el mundo de las ideas.
La verdad como coherencia, la idealista, una mera adecuación lógica, la de las matemáticas, la inagurada por Descartes, tampoco tiene que ver con las apariencias. Ya sigamos al racionalismo o al empirismo, aparentes lo son los fenómenos y la verdad es una propiedad del juicio que si se pretende verdadero (por necesario) no abarcará el mundo fenoménico. Al menos la verdad científica, la que se entendía en aquel momento.
La disolución del pensamiento que trazó la filosofía contemporánea ya ha desechado ese concepto antiguo de verdad científica y cualquier otra posibilidad de verdad dogmática (no la hay ni en la ciencia ni en el ámbito extracientífico). Desde Nietzsche la verdad y su contrario son "ficciones" de la decadente civilización occidental.
Por más que recorramos líneas diversas del pensamiento occidental, no encontramos cómo unir apariencia y verdad. Sin embargo en el mundo de la Liga F1 Total, en la que paticipo, si son posibles las falsas apariencias o las apariencias verdaderas.
Para lograr un campeonato competitivo, que de también la posibilidad de recompensa al esforzado piloto, por poco hábil que sea, la J.I.A., se desvela buscando adecuar la simulación de la realidad y la oportunidad de competición para todos.El actual campeonato en F1 Total es solo apariencia, pues no es un campeonato de F1 real, pero quiere ser un verdadero campeonato virtual. Para promover la participación de todos, se quiere minimizar la distancia entre unos pilotos y otros, por el bien de la competición, y para eso se han inventado una ventaja para algunos equipos consistente en permitir que "pesen" sus vehículos menos. 80 kilos menos.
Semejante ventaja argumentará la J.I.A. no perjudicará demasiado a los "mejores" y dará "chance" a los que lo tienen (por las razones que sea) más difícil.
Aquí está la cuadratura del círculo, la posibilidad de que la falsa apariencia sea una expresión en estricto comprensible (cuando, como ya hemos visto antes, de suyo no lo es).
¿Qué criterio determina quién debe tener tales ventajas y quién no? Pues no se dice. Lo que sí sabemos es que lo tienen quien la J.I.A. ha decidido por su cuenta y riesgo, sin considerar el verdadero perjuicio.Aceptemos que los "mejores" no se ven perjudicados. Pero que pasa con aquéllos que son tan torpes como los "peores" y sin embargo a fuerza de entrenamiento y trabajo logran ser competitivos. Pues que metidos en la lucha con los líderes se ven ahora "abasallados" por los que pasan a ser competitivos sin ningún esfuerzo.
Todos los intentos de hacer el juego más cercano a la realidad por parte de la J.I.A no son más que falsas apariencias. La única verdad es que estamos sometidos al imperio de la arbitrariedad.
La mejor definición del Estado totalitario es precisamente la que proporciona la expresión falsas apariencias. Todo en esos Estados es falsa apariencia: falsa apariencia de orden, de paz, de protección del ciudadano, de defensa de la propiedad, de la identidad... Falsa apariencia, en fin, que toda la estructura del poder político sea al servicio del ciudadano, pues en el Estado totalitario todo está al servicio de su propia supervivencia, no de la del ciudadano, que es prescindible siempre.
En F1 Total vivimos en un estado totalitario de falsas apariencias. Donde lo que verdaderamente importa, aunque se diga lo contrario, es la supervivencia de la Liga no el bien de la competición. Nakayima, es decir yo, denuncio esta ¿nueva? ocurrencia de la J.I.A., por injusta con quien como yo lucha por ser competitivo, a pesar de sus limitaciones, lo logra a veces, y recibe sus satisfacciones. Sin embargo otros, con sus limitaciones, reciben ventajas sin pedirlas ni merecerlas. Yo me esfuerzo por competir contra los "mejores", otros o no se esfuerzan o no pueden, ni quieren, pero, a cambio, reciben el premio de ponerle las cosas difíciles a Nakayima (o a Max, o a Darío, etc). Hemos dicho sin pedirlas, las ventajas, o ¿sí las pidieron? No lo sabemos. O ¿sí las merecen y nosotros no? Que nos lo expliquen porque no acertamos a entenderlo.
¿Qué tal la falsa apariencia de democrático funcionamiento de la Liga F1 Total, y debatimos semejantes despropósito?
O, ¿mantenemos la falsa apariencia de ¡qué grande es nuestra liga y campeonato!, ¡qué grande es nuestro líder el "ninjamaster"!? ¡Qué bien vela por los intereses del campeonato!
Patrañas. Me uno a los exabruptos de Nietzsche, y pido con él que nos dejen en paz los que velan por la verdad y nos cuentan mentiras, para sostener la ficción moral. Que lo único verdadero es lo aparente y la realidad no es la que nos venden.