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sábado, 8 de mayo de 2010

"Alter ego"

Desde Bahrein hasta China han mejorado mucho las cosas. Me ha costado recuperar la tensión competitiva, la continuidad rutinaria de los entrenamientos, pero finalmente, hemos vuelto a obtener resultados mínimamente decentes.

Sin embargo, tengo que reconocer, las cosas ya no son como antes. Ni conduzco igual (mejor, supongo, a pesar de los resultados), ni sufro igual (mucho mejor, sin duda). Ni permanecen durante tanto tiempo las pesadillas de lo que podría haber sido y no fue en el circuito, tras la carrera.

Tres semanas es mucho tiempo (entre China y España). Pero el tiempo pasa inevitablemente, siempre igual, con la misma cadencia. Pero es asombrosamente rápido cuando es observado desde delante, cuando "echamos una mirada atrás en el tiempo". Sin embargo es una inmensidad cuando se mira lo que queda para que llegue el final. Nuestro final es mañana, el día de correr en Barcelona. En un descanso del entrenamiento aprovecharemos para proseguir con el relato, de lo que llamamos inicialmente "Confidencias".

Podríamos poner enlaces a los dos capítulos anteriores para quienes quisieran retomar el relato:



Éste es el tercer capítulo, continuación de la toma de conciencia con la esquizofrenia. Pero esta vez la inspiración o la analogía en vez de ser la discusión sobre la realidad ("Mátrix") será la cuestión de la clonación (más en la moda actual, "Avatar").

Quizá venga más al caso tener en cuenta alguno de los roles interpretados por Desguazenegger, digo Schwarzenegger (perdón), el bueno de Arnold (véanse las referencias a lo largo del relato):

Llego al hotel, tras la carrera, con un regusto amargo. Mis ingenieros me han jugado una mala pasada. El sobrecalentamiento de los frenos dio al traste con mis posibilidades, que tampoco eran muchas. Finalmente tuve que acabar la carrera de cualquier manera, sin ninguna posibilidad, pero acabándola. Mal habíamos empezado el campeonato 2010.

Pensé en conectarme a la Red y pedir disculpas a mis seguidores. Pero no estaba de humor. Quizá el cansancio de la carrera me ayudara a dormir, lo que sería una novedad. Así, curiosamente sin mucha espera, entré en ese duermevela previo al sueño.

...
Debió parecerle eterno el espacio de tiempo hasta que contestó. Pero por otro lado, su gesto parecía decir lo contrario. Nuestro hombre pensó en preguntar, ¿qué tenía que ver el volante, o su hobby, con aquella locura que parecía haber comenzado? Pero decidió que le daba igual, porque lo que tenía claro es que no era una buena opción permitir que aquella escultural presencia bajara del coche, y se cumpliera su mal presagio "...y todo será como siempre ha sido". Los dos seguían mirándose dentro del coche, en silencio.

-¡De acuerdo!, acertó por fin a exclamar, veamos donde nos lleva esto.

Arrancó y se dirigió al centro comercial.

El resto del camino, la enigmática rubia, repitió de mil maneras posibles, que la decisión por muy firme que le pareciera a él, no sería realmente efectiva si no completaba la compra del volante. Él tenía claro que, en cualquier caso, aunque la promesa de resolución de todas sus dudas fuese un camelo, merecería la pena descubrir hasta donde podría llegar con la sorprendente compañera de instituto. Enfrentarse más tarde a su familia, justificando la compra del volante, y asegurándoles que la adicción estaba superada, ya sería otro tema. Pero parecía que, también en esto, valdría la pena el riesgo.

Aparcaron. Ella le dijo que no iba a entrar. Era más seguro que comprara el volante solo. Un gesto de absoluta indiferencia acompañó la salida del vehículo. A veces tanto misterio hace perder el interés del espectador, por un exceso de forzado suspense (la diferencia entre el primer Hitchcock y sus imitadores). Para nuestro protagonista su participación era en realidad como una visión objetiva de la propia vida. Es decir que se veía más como espectador de si que como protagonista. Por eso el gesto de indiferencia, y a la vez, dejarse llevar por los acontecimientos y las órdenes de su "rubia perfecta". Mientras llegaba a la sección de los juegos, donde hasta tres veces antes se había detenido frente a la "pila" de volantes, pensaba que esta aparente dicotomía o enajenación, en la que se actúa y a la vez se ve como se actúa, quedaría resuelta al efectuar finalmente la decisión, y comprar el volante. También pensó que había dejado sola en el coche a la rubia y las llaves puestas. Volvió sobre sus pasos, alarmado por la idea, pero se detuvo cuando pensó que era un poco exagerado el sofisticado sistema de su compañera para robarle el coche. Además era su compañera profesora; no iba a desaparecer de pronto con su coche. Sería muy fácil averiguar quien era, en el instituto, y a la policía seguir su pista, cuando la denunciara. Vuelta, de nuevo, sobre sus pasos, y, esta vez, riéndose de si mismo por lo peliculero que era.

La cajera pasó la tarjeta, espero unos instantes con la mano sobre la salida del papel, y seguidamente ofreció el ticket de compra para la firma. Mientras firmaba salió el duplicado, que intercambiaron, ticket firmado junto al bolígrafo por tarjeta y comprobante, con la habilidad de quienes llevan bailando esta danza toda la vida.

No sintió nada. La compra estaba hecha y, al contrario de lo prometido, "todo era como siembre había sido".

Salió del centro comercial, pero no pudo salir de su asombro. El coche no estaba. Corrió hacia la plaza vacía. Absurdo. ¿Qué iba a hacer ahora? Empezó a ponerse nervioso, no encontraba el móvil. A la vez tenía la esperanza de que ella apareciera con su coche (su de él, no de ella, pensaba; surrealista, se daba aclaraciones a si mismo, como si pensara con paréntesis). Dejó caer la caja del volante, y se restregó los ojos como queriendo escapar de una pesadilla. El mundo se desvanecía. Era como si hubiera una mala recepción de la señal. Los bordes de lo que alcanzaba la pista se pixelaban. Entre los límites de lo visible apareció su coche a toda velocidad.
...
Exactamente igual que en las socorridas escenas de multitud de películas, violentamente me incorporé en la cama, sudando, agobiado aún por la visión de mis propios sueños. Tarda un poco en recuperar el ritmo normal mi corazón. Poco a poco reparo en lo que me rodea, recuperando la vigilia y el sentido común. Mi propia imagen en el espejo, frente a la cama completa el proceso de aterrizaje en la realidad. No me lo podía creer. Las pesadillas eran cada vez más fuertes y el desasosiego muy difícil de eliminar. Miré el reloj, y como suele suceder en tales casos, no había pasado ni una hora.

Me levanté y busqué algo que beber en el minibar. Volví a la cama para sentarme encendí un cigarrillo. Lo fumé con tranquilidad, esperando que junto al humo se disiparan los fantasmas del sueño. Cuando ya creí que estaba tranquilo, usé el cenicero, y volví a tumbarme con renovadas esperanzas. Esta vez sí que mis sueños fueron reparadores, o no soñé, o simplemente no me acuerdo.

Casi quince días después, olvidado ya el fiasco de los frenos en el desierto, tengo nuevas esperanzas puestas en Melbourne. El recuerdo del G.P. de Australia, el año pasado, me anima a completar el entrenamiento final, que fue muy provechoso. Todo estaba preparado y solo necesitaba un poco de "relax" antes de la batalla. Fui al "hospitality" de mi equipo y me senté en un cómodo sillón, de esos que tienen una consola con botones, pero que yo no uso, escarmentado como estoy con el mando a distancia de la televisión. Allí, a pesar de lo que sucedía en el exterior, y muy probablemente consecuencia de la tensión del último test al coche, quedé dormido.

...
Un espacio vacío. Una luz blanca poderosísima. Una completa desorientación. Más mal que bien recordaba el coche viendo hacia él. Su propio coche. Y la idea de que al haber soltado la caja se habría "cargado" el volante. Pero le dolía la cabeza. Un dolor pulsante en las sienes y un zumbido constante en los oídos. Pero no veía nada. Estaba cegado. Angustia. El dolor en las sienes se incrementaba al ritmo de los latidos del corazón cada vez más rápidos. Quizá sintió que le tocaban los hombros y trató de girarse sobre si mismo, pero estaba inmovilizado. No podía tampoco volver la cabeza. Y ese dolor. Y el zumbido. Iba a volverse loco. Quería salir de allí, si es que estaba en algún sitio.

...
¡Otra vez! No es que esto me pasara cada vez que dormía, pero ya estaba minando mi confianza la reiteración de la pesadilla. Aún quedaba tiempo para intentar descansar antes de que el G.P. de Australia 2010 cumpliera con su acto final. No cometería el mismo error, no trataría de volver a dormirme. La solución fue la televisión y una versión australiana de la ruleta de la fortuna.

Voy a salir del box para la vuelta de formación de la parrilla, y algo no va bien. El resto fue otro episodio para olvidar. En el G.P. de Australia no pude ni tomar la salida.

Hoy, el recuerdo de mi última pesadilla (no la carrera) no iba a dejarme dormir.

(continuará)

Probablemente Arnold es el actor que más títulos tiene donde la realidad y la ficción se mezclan. Más cómica, pura acción y con guiños a alguna de sus otras películas, además de las citadas más arriba, tenemos ésta que en España fue estrenada como "El último gran heroe". Aquí teneis el trailer en inglés y el clip de video del tema músical central de AC-DC, "Big Gun":



domingo, 7 de marzo de 2010

Bipolaridad o esquizofrenia

La esquizofrenia es un trastorno que suele ir unido a otros en la afectividad y en el pensamiento. El estado consciente del enfermo es normal. Su actitud psíquica se caracteriza por el egocentrismo y el aislamiento, y expresa una pérdida de contacto con la realidad. Manifiesta ideas delirantes (persecución, intentos de envenenamiento, influencias extrañas, etc.) y trastornos de la percepción (alucinaciones de tipo auditivo, voces amenazadoras o críticas). La personalidad se altera de forma gradual o repentina; el contacto con el paciente resulta cada día más difícil y éste se retrae cada vez más en su propio mundo. Es muy difícil distinguir de otras formas de psicosis, por lo que existe un rechazo general a usar el término esquizofrenia.

El trastorno afectivo bipolar (TAB), también conocido popularmente como trastorno bipolar y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva, es un trastorno del estado de ánimo. El afectado oscila entre la alegría y la tristeza sin medida, atravesando períodos repetitivos de depresión (fases depresivas) que se alternan con temporadas de gran euforia (fases maníacas). Su expresión en el cerebro se produce en forma de un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores.

O no se da importancia a los sueños o, por el contrario, se sobrevalora su interpretación. Ahí estaba yo entre la despreocupación y el secreto temor de que no lo fueran. En una suerte de síndrome del hombre lobo. Normalmente consciente, con una vida organizada, cuando creo estar despierto, y una pesadilla que se me impone, sin control, cuando creo estar dormido.

Soy un piloto de Fórmula 1, con una azarosa historia, y en horas bajas, que, con claras muestras de bipolaridad en la vida que siento real, experimenta otra vida, aparentemenete en sueños, como a un esquizofrénico que le atormentan las voces que le persiguen.

El asunto de los problemas mecánicos lo he vivido unido a los sueños del volante. Este ha sido mi detonante, como para Neo (en Matrix) lo fue el conejo blanco. La toma de conciencia de que hay algo más allá de lo que creo real.

Lo que sigue es el segundo capítulo de "Confidencias".

El mensaje fue muy claro. En su familia no querían volver a sufrir sus adicciones. Si no podía controlar sus vicios, se imponía un abandono radical. Solo se puede dejar de fumar de una manera: no fumando ningún cigarrillo más. En su caso, incapaz de jugar competentemente sin volante, no tener uno, le obligaría a dejar su obsesión. Una segunda vez se enfrentó a la posibilidad de la compra. Como en esas escena en el que el fumador queda paralizado ante el paqute de tabaco, o mira absorto el recorrido insinuante, voluptuoso, del humo del cigarro de su acompañante. Pero, no pasó de ahí. Volvió a perder el tiempo, paralizado ante las cajas, que ya solo eran tres o cuatro.

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Otra noche casi en vela, intermitentemente interrumpido el sueño, empapado en sudor. Con la boca seca, sediento. Con pertinaz insistencia, una y otra vez, me veía en aquel centro comercial, donde solo se vendían volantes de juguete, o al menos yo no veía otra cosa. A veces me distraigo, o alcanzo el cansancio necesario delante del ordenador. Hoy en día toda actividad pública parece exigir la presencia en internet, y decidí echar un vistazo a las páginas que hablan de mi. Leer los comentarios de aficionados o seguidores de mi carrera, en la esperanza de que llegara el sopor y pudiera dormir tranquilo un rato. Pero fue lo contrario. Me desveló el comentario de una fan que reclamaba mi continuidad en la Fórmula 1, que exigía que no abandonara mi carrera de piloto, ante los insistentes rumores en los medios de mi final.

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Aquella mañana tenía buena pinta. El trabajo iba a ser llevadero. No había nada importante que resolver, lo rutinario nada más y, de vez en cuando, hace falta la rutina. Pero nada puede ser perfecto y en una de las idas y venidas por los pasillos le pareció verla. Su imagen de rubia peligrosa desentonaba entre la vulgaridad que es común entre la mayoría de las compañeras. Pero no se asemejaba a la "pinta estrafalaria" que lleva la otra minoría. La vió menos de un segundo, porque cuando quiso reparar, ya no estaba, como pasa en las películas. Sin embargo, su imagen se le había quedado grabada. En ella resaltaban las botas de caña alta, hasta más allá de la rodilla, enmarcando la fracción de pierna que la corta falda dejaba ver. Las botas estaban de moda, y eso le encantaba. Pasó el resto de la mañana buscándola, sin atender realmente a lo que debía hacer. Casi al final, cuando estaba recogiendo sus cosas de la mesa, frente a la puerta, apareció.

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Quise contactar. Responder a su mensaje. Pero me di cuanta de que no sabría qué decirle. Ni podía asegurar mi continuidad en el mundo de la velocidad, ni en el caso contrario, sabía cómo escusar mi deserción. Pero sus palabras me empujaban a que no pasara de esa noche. Me gritaban que dejara esta estúpida indecisión y finalmente optara por "el todo o nada".

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No pudo darse cuenta de cómo lo hizo, pero allí estaba agachada, tirando de la pernera de su pantalón, obligándole a parapetarse con ella tras la mesa. Con el gesto de silencio miró furtivamente hacia la puerta como indicando que de allí venía el peligro. Estaba claro que lo de rubia peligrosa no era un tópico. Algún lío estaba a punto de enmarañar a nuestro protagonista, pero él aún no podía darse cuenta. No había salido de su asombro, de la sorpresa, y no podía escapar del salto visual desde el escote hasta las rodillas y viceversa, que repetidamente realizaba su mirada. Tres desconocidos se plantaron bajo el marco de la puerta, y sin mucho estudiar la escena, decidieron que su perseguida había continuado pasillo al frente.

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Creo que las redes sociales, ese último invento para mantenernos frente a los ordenadores, son una solemne estupidez. Pero esta noche, una de esas redes, iba a ser el escenario de un nuevo punto de inflexión en mi vida. Y ya he perdido la cuenta. De los puntos de inflexión, quiero decir.

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Salieron furtivamente de la habitación. Cruzaron la entrada al edificio sin despedirse de las conserjes, que atónitas presenciaron como el siempre atento profesor de filosofía era arrastrado del brazo por la última interina llegada al instituto. Le llevó hasta su coche, el de él. Y salieron del aparcamiento al más puro estilo Starsky, pero en utilitario coreano.

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Allí estaba el mensaje, dejado en mi muro (¡qué ocurrentes son los diseñadores de sitios webs!):
"...no vayas a dejar aquello que da rienda suelta a tu creatividad y te desahoga y libera y evade. noooo, hazlo por todos nosotros. (...) Es la primera vez que te veo, que entro a mirar tu muro y me ha dado mucha alegria, y sobre todo me has hecho sonrreir. Hace mucho que no lo hago. Gracias. Bss". 
Más que una fan parecía alguien de la familia. Pero lo más sorprendente era esa mención a la creatividad y a la liberación. No había oido nunca referirse al quehacer de un piloto como una actividad creativa. Quizá se refiriera a mi biógrafo. Me dispuse a contestar el comentario, con el firme propósito de aprovechar para acallar los rumores y confirmar mi presencia en el próximo campeonato. Pero algo me retenía. Y la luz tenue de una mañana, otra vez lluviosa, me anunció el nuevo día y apuntó en la cuenta otra noche en vela.

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El camino lo hicieron en silencio, hasta que ella le dijo que aparcara en una solitaria explanda, justo a la salida del casco urbano.
- Te has preguntado, y no has encontrado respuestas. Hay algo que no encaja en tu vida. Yo puedo ofrecerte lo que buscas.
Nuestro protagonista no estaba seguro de que buscara nada, pero si tenía claro lo que él imaginaba que ella podía ofrecerle. Una escena estupenda de cine de acción, donde el protagonista mezcla negocios y placer con la atormentada chica Bond de turno.
Ella continuó:
- Ésta será tu única y última oportunidad. Puedes escoger la seguridad de la actual certeza, yo me bajaré del coche y todo será como siempre ha sido. O bien puedes comprar el volante y ver la realidad.

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Ya es domingo. Suena el teléfono. Es mi jefe de ingenieros. Todo está a punto me dice. Y tengo la sensación de que alguien elije por mi.
Reparo en la pantalla del ordenador donde parpadea el cursor en la caja de texto:
"Si me lo pides así, ¿Cómo puedo negarme?".
Bahrein me espera.

Continuará.

jueves, 18 de febrero de 2010

Confidencias

Hola:
Hace mucho que no pasamos por aquí. Y no es casualidad. Cuando las cosas no van bien uno no tiene ganas ni de dar explicaciones, ni de ocurrencias. Porque ocurrencias son lo que escribo en este Blog. Nada más.
Careciendo de la inspiración necesaria, me limitaré a haceros partícipes de lo que solo he contado a mis compañeros, en Lotus y en Red Bull. Así justificamos el título, haremos unas confidencias.
El Torneo de Invierno en F1-Total está siendo para mi una mezcla de descanso competitivo e infortunios técnicos. El último ha sido el final definitivo del antiguo sistema de dirección en mi monoplaza. Con grandes dudas de que se pueda solucionar, cuando todo el presupuesto está comprometido en el próximo y muy cercano campeonato. No pintan las cosas mejor para Javi, por lo visto. Así que, o mucho cambia el panorama, o Lotus ya se ha despedido del actual torneo.
Pero esto no es la confidencia. Viene ahora, había que darle contexto.
Os voy a contar lo que soñé ayer, o al menos, creo que lo soñé.
Las imágenes eran sorprendentes. Me veía a mi mismo recogiendo un volante, o más bien lo que quedaba de él, de lo que parecía una terraza interior (me recordaba la que conocí en casa de mi abuela materna en España). Inmediatamente después arrojaba el citado volante, que ahora me pareció de esos que se usan en las consolas de juegos electrónicos, a un contenedor enorme en un lugar desolado...
....

Los miércoles, nuestro protagonista entra tarde a trabajar, y decidíó llevar al "punto limpio" (así se llaman aquí, donde él vive, los lugares donde el ciudadano hace lo que la administración no hace aunque cobre por ello, lugares para reciclar), el volante roto y la piezas que guardaba del anterior.
Sujeto con un imán sobre la puerta del frigorífico, en casa, había vísto un vale descuento de una cadena de centros comerciales muy conocida y recordó, que allí, en la campaña de Navidad, disponía de varias unidades de su volante. Y pensó, que después de desacerse del antiguo, bien podría pasarse por allí.
Desde luego no había sido un éxito de ventas, porque estabamos en febrero y aún quedaban seis o siete volantes de su  modelo a 49,noventa y pico euros, vamos 50, y con el descuento se quedaría en 47. Pero se quedó bloqueado, no convencido, como dudando...

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¿No os ha pasado nunca que cuando vais a un centro comercial, sin haberlo planeado, os quedais indecisos ante toda oferta u oportunidad?
Pues a mi sí. Pero nunca me había ocurrido en sueños...
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El caso es que se presentó, ante nuestro amigo, como por sorpresa, el siguiente argumento: "Si quisieras el volante lo habrías cogido y punto, directamente, como en las dos ocasiones anteriores. Si estás dudando es que no lo quieres".
Y se fue sin volante.
Tras la jornada de duro trabajo, por la noche, al llegar a casa, le contó a su mujer lo sucedido por la mañana. Y ella que de vez en cuando tiene ataques de autora cómica y actriz de vodevil, se lanza a su cuello, le abraza, le llena de besos, diciendo entrecortadamente, borracha de emoción: "Gracias a Dios!! Estás curado!! Has superado tu adicción!! Has resistido la tentación de comprar el volante!!
Su hijo menor, atónito, les miraba desconcertado...

....

Me desperté (no os explicaré cómo y en qué vergonzante situación), tras la última impactante escena del sueño, en la que mi mujer se lanzaba sobre mi como si de una escena de "Instinto básico" se tratase. Hasta aquí perfecto, pero la escena me asfixió. Mi mujer no paraba de decir "estás curado", "estás curado", y mi hijo nos miraba con cara de no conocernos.
No se qué pensar...

(continuará)

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Visita al psicoanalista

He seguido el consejo de RouxClas y he buscado una psicóloga. Me ha costado un poco, porque el criterio no ha sido precisamente el del prestigio profesional. Ya se me entiende. Si hay que tumbarse en un diván y contar intimidades, lo mejor será que como mínimo quien escucha me alegre la vista.

Así que, motivado por el espectáculo de sus piernas cruzadas frente a mi, y el pliegue con el que la chaqueta fuerza la blusa ahuecándola donde todo varón encuentra el secreto hogar de los primeros momentos de la vida que se quedan fijados para siempre en el inconsciente y, que una y otra vez, pugnan por salir, comienzo el recuento de mis fantasmas en voz alta.

No encuentro la imagen fílmica que se corresponde con el momento, a pesar de que son múltiples los ejemplos, y estoy acostumbrado a ver la vida interpretada siguiendo el guión de una escena de cine.

Son míticas, ya clásicas, las escenas ambientadas en el despacho de un psicoanalista, a las que son tan aficionados los guionistas norteamericanos:

Recurso patológico de Woody Allen.



Nick Nolte, el duro, llorándole a una nariz con faldas, en el Príncipe de las Mareas.



Robert de Niro provocando miedo al coprotagonista y carcajada al espectador.



La intimidad del mafioso acompañando el hilo argumental en la serie los Soprano.



En fin que así podría seguir en una lista interminable, pero esta vez sin encontrar el modelo perfecto imitado.

- Mire usted...

- Deja el usted, por favor, trátame de tú, dejemos que fluya la confianza.

(- No se yo si conviene que fluya la confianza, pensé, pero hice caso, me lo exigían sus rodillas).

- Bueno,pues mira, yo me debato en un dilema que normalmente no sé si resuelvo bien. La lógica me dice que si se participa en un juego los resultados son secundarios. Esto por un lado, pero por el otro, si el juego no se disfruta, uno sólo se mantienen en él, precisamente por el resultado.

- Te escucho, continúa.

Yo efectivamente continuaba, pero más bien deslizándome desde la rodilla tratando de seguir una tenue claridad que parecía marcar el camino...

- La última movida surgida a raíz de la última carrera es un claro ejemplo. Y me he debatido, y me debato, entre alegrarme de la mala suerte ajena que me favorece, y el deseo de que los que comparten tu juego disfruten.

- Me temo que estoy un poco perdida. Sería bueno ser algo más concreto, concentrémosnos en un punto.

(- Yo sí que me perdido, y por este camino no llego a ningún lado). Con lo que, casi sin querer, busqué el único punto sobresaliente que encontré, y di un salto desde el borde de la falda a las colinas más altas. Concentrándome en ese punto, obedeciéndole, continúe.

- Yo entré a participar en carreras de fórmula uno por lo que casi todo el mundo lo hace, para pasarlo bien, o pasar un rato. Pero mi muy notable torpeza enseguida me dirigió hacia la obtención de éxitos para suavizar la carencia de disfrute. Fundamenté la permanencia en el juego, en el empeño, el esfuerzo, y más y más entrenamiento, para que un papel digno final me satisfaciera. Lo que me ha llevado a estar más interesado por la clasificación y los puntos que por cualquier otra cosa.

- Y en esta última ocasión que ha ocurrido?

(- Que estoy ya mareado, subido en mi atalaya, como en una montaña rusa de infinitas curvas, suaves pendientes, profundos valles y recónditas cuevas). Mi pensamiento seguía una conversación y mi voz otra.

- Pues ha ocurrido que primero me preocupe por ser el causante de un grave incidente que impidió a un rival optar al subcampeonato enfrentándose conmigo en la última carrera. Luego me convencieron de que me había sonreído la suerte y que yo no tenía responsabilidad. Y pude expresar públicamente que lamentaba el infortunio ajeno cuando en realidad me alegraba de haber mantenido mi posición privilegiada. Y al final he visto amenazado el resultado cuando se proponía anulación de la carrera.

- Y qué?

- Y qué de que?, pues eso, ¿no está claro?

- Si, disculpa, quiero decir que busques más profundamente...

(- Yo creo que ya no puedo estar más en lo profundo. Creo que lo que se impone es salir fuera y obtener una visión general, una visión del conjunto).

Como por arte de magia, a la vista de su figura completa, mi imaginación libró de las apreturas del traje de chaqueta a aquel cuerpo...

- De todas formas la estrategia que yo había planificado tenía muchas posibilidades. O bien mi compañero, o incluso Jion Boina, o quizá alguno de los que provenían de la liga fusionada, me garantizaban que mi rival no ganaría la carrera, y yo con una ventaja de tres puntos sólo tenía que preocuparme de mantenerme detrás; lo que por carga de combustible y por lo visto en la clasificación era más que factible. La situación de inicio no podía ser mejor. Tenía que seguir su estela en la salida, que nuestras posiciones en parrilla me facilitaba. Claro que yo no esperaba que se quedara clavado...

- Estoy perdida...

(- Ya te digo, esto sólo puede tener un final).

- ... quiero decir que no sé dónde está el problema.

(- El problema está en que, a este paso, mi Sistema Nervioso Autónomo, el simpático, va a descubrir mis pensamientos).

- Pues que dicho lo anterior, entonces, ¿por qué no aceptar que se repitiera el intento en una nueva carrera?

- Ah!, ya me doy cuenta.

(- Me ha pillado).

Me miro a mi mismo, a ver si se ha producido el desastre.

- Pues eso, o que soy un mentiroso patológico, o que sufro esquizofrenia.

- Permite que el diagnóstico sea yo quien lo haga.

(- Yo te permito a ti..., lo que tú quieras. )

- Disculpa solo era un comentario.

- Está bien. ¿Y si rectificas, y aceptas una nueva oportunidad?

(- De acuerdo). Volvió la imagen real y con ella el convencimiento de que estaba fuera de mi alcance. Al fin y al cabo sólo estaba allí para regalarme la vista, aunque ella creyera que se estaba ganando lo que cobraba por la sesión.

- Ha sido un campeonato muy largo y yo creo que ya está bien. Podemos seguir con estas sesiones y tratar en próximas competiciones, con más rivales y con más competencia, reconducir mi actitud y forma de conducir.

- Pues bien, finalizaremos con este propósito, por ahora. Se ha acabado el tiempo.

La última frase me situó en la realidad.



Y el mejor final un homenaje, esto es un manicomio:



Quitaron el video anterior, así que ponemos esta serie donde se incluye uno de manicomios.