Hay que hacer un intermedio en el relato de mi disociación, para, una vez más, comprendan mis sufridos lectores, qué es filosofía. Cómo, lo que han dicho los famosos pensadores que en la historia han sido, sirve para esclarecer (u ocultar) la vida, la realidad, lo que nos sucede. A propósito de mi profesión, y de lo acontecido en el inicio de este nuevo campeonato...
Pero este intermedio no es un paréntesis fuera de lugar, como el "comercial" sobre un perfume, que ni en su contenido ni en su forma, tiene nada que ver con el programa televisivo interrumpido. Nuestro intermedio "dará luz" sobre lo que he llamado el relato de mi disociación.
Pero este intermedio no es un paréntesis fuera de lugar, como el "comercial" sobre un perfume, que ni en su contenido ni en su forma, tiene nada que ver con el programa televisivo interrumpido. Nuestro intermedio "dará luz" sobre lo que he llamado el relato de mi disociación.
Los hechos:
- F1Total ya está en marcha; y en su inicial capítulo ha dejado hecha jirones la autoestima de buena parte de la parrilla y encumbrado (si es que alguna vez se había apeado) a los laureles del podio el sempiterno Imperio Ferrari.
- Toman parte en el G. P. de Bahrain 16 pilotos y acaban la carrera 11, si es uqe lo mío puede calificarse de ese modo (ni carrera, ni acabada).
- El "Gran Jefe" se apresura a dar cumplida cuenta del resultado (animado por la recuperación de la competitividad de Jion Boina, única contestación eficaz al dominio de NeoUther y Rouxclas). La web actualizada al día siguiente, no se veía desde no me acuerdo cuánto tiempo.
- Pérdida general (salvo las gloriosas excepciones) de los frenos, causa principal del resultado final.
La filosofía:
Para Kant, lo moral (o verdaderamente legal) es lo que no está sujeto a condición, es decir, lo que la voluntad se autoimpone sin consideración del fin, incondicionadamente. Solo es moral, en estricto sentido, el imperativo categórico, el deber por el deber. Lo contrario, como mucho, puede ser legal, en el sentido de ajustarse a lo dictado en derecho.
Pero si corremos (participamos) en un campeonato de Fórmula 1, por diversión (para obtener placer), o por el premio o recompensa, obramos por un fin, y estamos, por tanto condicionados : no somos libres.
La libertad es una idea, y, como tal, un producto de la razón, sin contenido fenoménico, y, por tanto, indemostrable, en el sentido científico. La libertad, en general, no se conoce, pero puede pensarse. De hecho, si no la pensamos, el imperativo categórico, la moralidad misma, sería una quimera estúpida. Lo mismo, no demostrables, pero postulables en la práctica, son Dios o nuestra inmortalidad.
La realidad transformada:
No se es piloto de Fórmula 1 en la Liga F1Total porque se obtenga un resultado de la actividad de conducir, sino por la actividad misma. Y si el fracaso o el éxito, en función del fin particular (contingente, sin necesidad), nos moviese, no seríamos propiamente libres conductores, pilotos de F1 (más bien marionetas del "Gran Jefe").
Pero, ¿qué sentido tiene una actividad que se realiza por sí misma, es decir, como el imperativo categórico kantiano?
Pues ninguno. Ningún sentido en el mundo de los fenómenos, en el experimental, desde el punto de vista científico. Pero como actividad incondicionada debe postularse la felicidad, más allá de la realidad experimental (mi pretendida vida real). Pensar la felicidad en una vida no sujeta a las determinaciones de la naturaleza, es lo que permite aceptar la participación en la Liga F1Total, independientemente del resultado experimental, pues esta esperanza pensada (desconocida) muestra el ejercicio de la libertad.
En último término: no queramos hacer de nuestra Liga, una copia fiel (o lo más fiel posible) de la pretendida realidad. No tiene sentido. Como no hacemos del virtual pilotaje bandera de sapiencia y técnica de conductor real. Sería absurdo, patético.
Corramos, seamos pilotos, ¡y punto! Sin condiciones, sin resultados, porque sí. Libres de fines, más allá de las ocurrencias del derecho, o de las normas de otros.
Autónomos, libres, independientes. Por deber.
Compitamos, en fin, porque pensamos que un Dios perfecto garantiza una felicidad perfecta, en un mundo perfecto, más allá de la muerte.
En el reino de los fines, en el de mi voluntad, sin la atadura de la realidad experimental y científica, todo es posible.
En el reino de los que pensamos y no conocemos nada. En la realidad pensada, transformada, por la autonomía de la razón práctica (universal y necesariamente humana), transformada por el deber, adquiere sentido mi existencia, la real, la de Kazuo Nakayima Vargas.

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